Un canto de sirenas revolotea por Bolivia

“Mi licencia, lo que a mí me da permiso, es sentirme respetuosa de la música, del arte y de la naturaleza, y lo hago de corazón y desde la libertad”, así resumió su obra la “apasionada” Cristina Pérez, música, artista plástica y realizadora audiovisual mendocina que recorre la región andina como fuente de inspiración para sus creaciones.

Por: Sebastián Moro

Cristina Pérez ya conocía La Paz y otros lugares de Bolivia, pero en esta ocasión vino a “investigar sobre la relación de la sirena con el charango”. Entre esas búsquedas se encontró “con el maravilloso Museo de Instrumentos Musicales del Maestro Ernesto Cavour, que tanto ha aportado a la cultura andina”, y fue invitada a cantar el 19 de mayo en la calle Jaén durante la “Larga noche de los museos”, donde homenajeó a Rosita Ríos y entusiasmó al público con temas de “Fuegoiagua” , su segundo disco con material propio, tanto en letras como en música y arreglos.

En su nuevo trabajo independiente, Cristina asume su raíz andina y se proyecta con la fusión de diferentes ritmos latinoamericanos y del mundo. El disco ha sido presentado en distintas ciudades de Latinoamérica y Europa y le ha asegurado próximas fechas en Bolivia, tierra con la que profundiza una relación constante por la realización de “Sirena mestiza”, largometraje audiovisual que avanza en su etapa de investigación y ya ha comenzado a filmar en distintas locaciones del lago Titicaca.

“Toco mucho de solista y así me la arreglo muy bien”, explicó durante la entrevista con “Mujeres en Comunidad”, sin embargo durante las primeras semanas de mayo estuvo con su banda en Perú, ya que “fui elegida para representar a la Argentina en el Festival Internacional de Músicas de Altura (FIMA), que se desarrolló en Lima y Ayacucho y congrega a todas las músicas que se hacen en las montañas, con representantes de países andinos pero también alpinos y del Himalaya”. La experiencia fue “deslumbrante por el paisaje sonoro de las alturas del mundo”.

La banda volvió a Argentina y ella siguió sola su rumbo, que por estos días la lleva de nuevo a Lima a dar unos talleres, para luego volver a su país donde le esperan toneladas de presentaciones y trabajos, especialmente una muestra retrospectiva de toda su obra como artista plástica.

Cantar al agua

“Me siento maravillosamente por estar aquí y compartir mi arte con ustedes”, dijo Cristina en el estudio de Radio Comunidad, donde le preguntaron por Mendoza, su punto de origen, conocido como “la tierra del sol y del buen vino”, de allí que ineludiblemente la artista aludiera a que el vino, “como toda bebida espirituosa que viene de la tierra, es celebrado y, a su vez, el cuerpo también celebra ante la posibilidad de regarse con él”.

Cristina Pérez en el estudio de Radio Comunidad

Son muchos los nexos entre Mendoza y Bolivia, sobre todo por la vasta comunidad de residentes que viven en la provincia del centro oeste argentino. Con la artista la confluencia es mayor aún porque, como docente, también se dedica a investigar sobre la cultura andina: “vengo de una provincia andina, al pie del apu Aconcagua, y este paisaje ha sido siempre mi fuente de inspiración”. Además, como realizadora audiovisual, en 2018 terminó una animación en relación al mundo andino y, más específicamente, un homenaje a la hoja de coca , “porque en Mendoza también consumimos la hojita, estamos en la ruta de la coca y además es fundamental en nuestra espiritualidad andina y en mi música”.

Como preámbulo a “Cantar al agua”, extraordinaria composición que ofrendó en vivo para “Mujeres en Comunidad”, la artista explicó que vive “en un paisaje de montañas” y que, “como toda montaña siempre ha sido fondo de mar”, caminando por ellas sintió “la presencia del mar invisible, del que nos separa un tiempo de millones de años”, pisando firme “en el lugar donde antes estuvo el mar”.

Música de cuerpo y alma

Acerca de su pasión y vocación artística, Cristina explicó que “desde niña sentí esta naturaleza nómade y siempre en relación al mundo femenino, algo que trabajo mucho desde mi música y mi arte para desentrañar estos misterios del ser femenino, tanto desde el género mujer como en lo femenino que existe en la naturaleza. Son vínculos que establecemos entre nosotras para empoderarnos y la valoración que hacemos de lo femenino en la naturaleza para preservarla, una tarea que hoy es urgente. Desde el arte siento que ése es mi camino”.

“Mi formación musical es autodidacta como compositora, música y cantora. Como en artes visuales hice la academia, decidí que en la música quería aprender de otro modo. La pintura me enseñó a cantar y me dio la posibilidad de descubrir cómo una puede crearse a sí misma. Entonces dije: ‘me voy a hacer a mí misma como la música que nuestras abuelas, componían cantando al viento escuchando a los pájaros y al agua, y así aprendí”, sostuvo.

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De allí que su definición sobre el canto sea tan vívida: “el canto nos resuena, nos sana, algo se mueve ahí y se desata, se libera, por eso no hay que dejar de cantar, una cosa es ir a un escenario y desarrollar tu trabajo, pero el canto es de todos y todas. Nos libera y sana nuestra propia historia también”.

Respecto al charango dijo que lo toca “hace cinco años o más, es difícil de contabilizar porque es un proceso. Por un tiempo no toqué, me fui al tambor, volví al charango y volví de nuevo al tambor, con el cual también tengo una relación bien estrecha y un trabajo de desarrollo de la voz, pero siempre sentí que el charango era parte de mi cuerpo”.

Encantos de tiempos y espacios

El documental “Sirena mestiza” se encuentra en los comienzos de su realización, de allí el ‘scouting’ que concretó por estos días en Bolivia junto a su equipo de tres integrantes más y varios apoyos. Cristina describió que el largometraje abarca “la relación entre la sirena con el charango como punto más visible y cuyo trasfondo es el vínculo con el agua, porque la sirena es el espíritu que la habita y protege”. Pero además, “como el mito de la sirena en el lago Titicaca ha permanecido un poco en la sombra y ha sido desplazado por la mirada patriarcal de la Colonia, con relatos bastante negativos en torno a ella, no hay que olvidar que cuando nos desvinculamos o mal vinculamos de ese espíritu, abandonamos la relación espiritual con el agua y la dejamos a su suerte, contaminándola sin conciencia. Ese es otro trasfondo del documental”.

Mientras Cristina evoca, analiza y habla de su obra, nuevas claves latentes van surgiendo de la misma manera que los hallazgos que ha ido conectando con su trabajo en este viaje, como le sucedió, por ejemplo, en La Paz poco a antes de partir y al encontrase en la calle con su admirada Luzmila Carpio, con quien mantuvo un emotivo diálogo.

Así, ponderó el enorme esfuerzo del equipo de realización de “Sirena mestiza” al viajar tres mil kilómetros desde su tierra, como “reandar el Camino del Inca, porque Mendoza es el punto más austral del Qhapaq Ñan, el último lugar hasta donde llegó el Incario. Mi música y mi trabajo artístico también tienen que ver con volver a andar este camino que es una ruta espiritual, artística y social, que en mi caso también me ha traído comprensión para poder desarrollarme en este tiempo en el que, como mujeres contemporáneas, estamos demandadas a escribir nuestra historia”.

“El documental también tiene que ver con eso, con rescatar este mito de la sirena que habita todas las fuentes naturales de agua y cuyo canto siempre fue tomado con una connotación negativa, siendo tan poderoso y sanador, un canto que afina instrumentos. Hay muchas tradiciones de serenados en las que los músicos dejan sus instrumentos y la sirena los afina, porque les canta, los encanta y luego el instrumento puede encantar”.

Y con ese encanto, con su bello charango sirena, Cristina se marchó hasta la Isla del Sol, “siguiendo los rastros de la Sirena Mestiza”. Antes nos dejó otra exacta, reveladora y poética alegoría de su arte y de su compromiso: “Todo en nuestra cultura es mezcla, mixtura, orgánico. Y esta hermosa relación de mestizaje también se encuentra en el charango, que es a la vez mestizo y un nuevo instrumento, como la sirena, que es mestiza también, es mujer y es pez, es la relación de la humanidad con la naturaleza. Es una figura que hay que rescatar y limpiar de visiones patriarcales y coloniales que solamente han contado una partecita de la historia. Nosotras hoy tenemos la posibilidad de contar nuestra versión según nuestras ancestras y nuestro sentir, porque nuestras abuelas y madres han peleado para que nosotros estemos, hoy aquí, compartiendo espacios”.

Fotografías:
Ante el Museo de Instrumentos Musicales: Lucas Elmelaj.
Fondo rojo: Cristina Pérez.
Estudios Radio Comunidad: Sebastián Moro.

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